Lectura propuesta...

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Foto propia

“No existe ni cielo ni infierno
ni hay premio o castigo que lo justifique
como tampoco resurrección ni reencarnación
o nada después mejor ni peor
que aquella repercusión tuya con la que otro actúe
porque, lo sepas o no,
sólo estamos aquí
para que la vida se abra camino
y lo que nos satisface es...
conseguirlo.

Todos nuestros sentimientos y emociones,
todas nuestras ideas y proyectos
todas nuestras consumaciones instintivas
no hacen más que decirnos
que aportemos algo al futuro
al igual que nosotros lo fuimos
pues de todas las repercusiones posibles
surgimos por ser la consecuencia natural
más viable del ser...
en ese momento.

I

La ambición es un repercutir en el permanecer
como la lucha que dentro de todo cuerpo subyace
pues de no hacerlo sucumbiría
ante ese agente agresor que le percibe
como un caldo de cultivo benefactor
que le permite avanzar.

Querer no es más que una apuesta
hacia esa máxima irrenunciable
sin la cual
ni la ambición existiría
y sin ser necesario planteamiento elevado
sólo déjate llevar por tu naturaleza
y serás tanto como cualquiera en ella.

Somos naturaleza y repercutimos sólo con ella
pues nada fuera de ella se produce 
ni en lo físico ni en lo inmaterial
al emanar de ella su único ímpetu
y nos utiliza como herramienta suya
para que ella sea más ella
ya que de no conseguirlo,
bien sea por nuestra obsolescencia programada
o bien porque otro evento se produzca,
dentro o fuera de nuestro conocimiento
se rubrique su máxima
de que nada es definitivo ni exclusivo...
sólo…
que todo es ella.

Así que somos sus repercusiones
ella nos da y ella nos quita
siempre dentro de la caducidad
porque es la mejor de las condiciones
para que algo permanezca...
eternamente.

Somos lo que somos, somos suyos,
vivimos donde vivimos, de lo que ella nos ofrece,
permanecemos como ella nos lo permite
según las dotaciones con las que nos creara
para que continuemos su creación,
pero si esto no se produjera
no le importaría ya que no nos necesita
al ser sólo una posible aportación más
pero ni importante ni necesaria
pues es ella quien, sea como sea,
se dará.

Cuando algo aparece en ella
nunca es por sí mismo
sino que de algo sale para ser otro algo
que en conjunción con otros más
dará otro algo
que ni siquiera necesita nombre.

Por eso, ni humano, ni animal, ni piedra, ni vegetal
sólo somos algo natural
que repercute en sí mismo
y lo que derive de ello,
sin pasión ni sentimiento,
así nos hará.

Pero, existen sentimientos, pasiones,
instintos y necesidades…
quizá todo sea lo mismo con distintos nombres
que nos marcan caminos a seguir o a eludir
según nos imprima esa urgencia de repercutirnos.

Arrogancia, egoísmo y contundencia
son las características del ser indómito
que sabe quién es él
y sabe distinguir lo que no quiere
respondiendo ante su mundo circundante
con huída, violencia o silenciosa duda
por lo que le puede repercutir
y por cómo lo podrá hacer él.

II

Aquellos que dejan de ser
se convierten en dioses de sí mismos
cuya arrogancia les conduce al abismo
de su propia agonía.

Por mil libros que escribas
o enfermedades que cures
o riquezas que repartas
nunca serás más que el inquisidor cultural
que te encumbra o lapida,
o que el propio virus o bacteria que muta
burlándose de tus esfuerzos,
o el sistema de gobierno que oprime tu ansia
hacia su único beneficio.

Así que no subas donde no debas
ni que nadie te dirija ni aliente
a ser más que lo que ya eres
pues nunca serás más que una muestra de naturaleza
que aún no ha muerto
y mientras sigas…
con tu potencialidad repercusora…
repercutirás.

Nunca habrás visto a una hormiga subsistir sola
ni a un solitario elefante formar manada sino es para reproducirse
pero si que habrás visto a los animales salir huyendo
ante las llamas inminentes
pues una cosa hay segura
que el fuego repercute de igual manera y manera negativa
en las potencialidades de cada uno de ellos
y ante ese común entendimiento
se unen a un mismo movimiento de previsión futura
y en direcciones opuestas al mal huyen
sin miedo ante el carnívoro o eterno rival
para seguir subsistiendo, y en ello
seguir siendo naturaleza…
cada cual.

III

Realmente ante el alimento o la bebida
nos reunimos, cada cual a su tiempo,
sin ningún tipo de condicionante
más que la vital necesidad de conseguirlo
y de que no te maten.

Somos materia que consume materia
ni riquezas ni sabidurías de ello nos libran
porque nacer es una búsqueda de la muerte
y morir es vida para otros seres.

Somos polvo de estrellas,
resultante variación elevada a la infinita enésima potencia
pero sea como fuere todo seguirá con o sin nosotros
aunque nos hace saber la naturaleza
la única respuesta a las preguntas eternas
pues ¿dónde reside la eternidad
sino en la constante evolución del cambio?
como huyendo juntos de un letal peligro
porque uno solo...
nunca podrá.

IV

Al igual que introducimos en la censura moral
todo aquello que considere la demencial directiva
y con ello socialmente domesticarnos
para su propio beneficio
y, si sabemos lo que nos conviene…, el nuestro
haciéndonos creer en la artificial felicidad
como ausencia de males evitables
o aceptación de límites impuestos.

Al igual que ello, la naturaleza nos contempla
dejándonos hacer con total libertad
sin necesitar reírse de nuestra arrogancia
pues caeremos solos de ceguera racial
cuando todo está servido y listo para ser administrado
por y para ella misma.

Así las momias y sepulcros erigidos
por la soberbia humana están tocados por ella
dándoles dignidad en su envejecimiento
como testimonio eterno
de lo inútil que es la banalidad humana
y gracias a su ridículo monumento
nosotros conocemos mejor
a su dueña…

V

Somos naturaleza
nos ha creado para crear
con ímpetu en la variación
y en ella se de la eternidad
de ella misma,
genéticamente.

Somos potencialidades de repercusión
que no deben quedarse en lo conseguido
sino avanzar evolucionando
de la mano de la naturaleza que manda
en la dirección por ella propuesta.

Si todo falla
a ella le da igual
porque somos una insignificancia
que se ha podido dar
como lo mejor en ese momento
pero ello ya pasó
y si no somos capaces de hacer eso mismo
a ella nunca superaremos.

Encumbremos a la naturaleza
ayudándola a ser
sin miedos ni arrogancias particulares
aunque sea huyendo del fuego
de nuestra extinción.”
Autor: David Botía
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